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ENSOÑACIÓN.
Quiero la lluvia
besando las sienes
y la caricia del sol en la espalda,
la fugitiva sonrisa del bosque
y una sonrisa infinita
en las almas.
Quiero en los niños
volver a ser niño
y correteando los días de infancia;
ir sin temor a los dioses que oprimen
y los demonios que pudren el alma.
Quiero un hogar donde ría el amor,
todo un jardín de sinceras palabras;
un blanco pan compartido sin odios
un tibio lecho sin horas amargas.
Quiero dormirme mirando al oriente
y despertar con los gallos del alba;
mirar el Andes fecunda simiente,
que sus arroyos de vida derrama.
Quiero ese mar cultivar noche y día,
sus sementeras celoso cuidarlas;
nadie destroce el crepúsculo verde
ni contaminen orines las aguas.
Quiero las madres luciendo sus pechos,
amamantando la luz del mañana;
a ese niño abortado corriendo
tras golondrinas de ágiles alas.
Quiero la voz de esa niña cantando.
Quiero la mano que pulsa guitarra.
Quiero el sepulcro sin lápida de oro;
sobre la tierra verter una lágrima.
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